¿Se puede ser un adicto a los viajes?

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Es una pregunta que a priori puede sonar un poco extraña. Pero si reflexionamos un poco, todos tenemos entre nuestros conocidos a una persona con un pasaporte sin hueco para más sellos o un amigo que presume con gran vehemencia del número de países que ha visitado durante su vida, cual colección de estampas futbolísticas se refiriera. Quedaros con el siguiente concepto: dromomanía. Un término que pronto comenzarás a oír más de la cuenta…

Happy couple on the pier on background colorful sunset

Si atendemos a la definición exacta de “adicción”, encontraremos en cualquier manual que se trata de un “hábito de conductas peligrosas o de consumo de determinados productos, en especial drogas, y del que no se puede prescindir o resulta muy difícil hacerlo por razones de dependencia psicológica o incluso fisiológica”. Juzguen ustedes mismos si algún amante de los viajes puede encajar en esta definición…

Si atendemos a una de las corrientes que más se han impuesto en los gabinetes y oficinas de marketing de las principales corporaciones del mundo, es que el consumo se ha trasladado del ámbito material al ámbito de lo inmaterial. Así puede sonar a chino pero básicamente nos referimos al manido “consumo de experiencias”. Y dentro de este consumo de experiencias, los grandes festines que se puede dar un individuo se encuentran de frente con viajar y viajar, y cuanto más lejos mejor.

El problema es cuando ese consumo te convierte en una especie de turista patológico, pasando por los cada vez más numerosos “viajeros competitivos” cuya único objetivo en la vida es haber visitado más países que ningún otro ser humano en el mundo. Aquí es cuando entra en juego el término “dromomania”, cuyo significado según la RAE es la “inclinación excesiva u obsesión patológica por trasladarse de un lugar a otro”.

Jump from a hill

Se trata de un concepto que no conocíamos pero del que todos hemos sido víctima o testigos en alguna ocasión. Todo el mundo quiere viajar, y mucho. Hay una cierta obsesión por salir del país natal, de recorrer todo el planeta, conocer culturas, probar distintas gastronomías, paisajes, olores, sensaciones y, sobretodo y principalmente, fotografiarlo todo para ser compartido en las redes sociales. Eso de torturar a los amigos con las diapositivas del último viaje cuando están de visita, se ha transformado en un martilleo constante a través de las múltiples plataformas digitales para compartir información que tenemos a nuestro alcance.

Uno de los principales indicativos de que es víctima del concepto “dromomanía” es la interiorización de otro concepto que sacamos a pasera en cualquier conversación que gira en torno a unas vacaciones, y no es otro que “escapada”. Pero antes de entrar en motivaciones históricas y médicas sobre la adicción a los viajes vamos con algunos síntomas livianos que pueden demostrar si estás bajo los influjos de esta adicción:

Horas y horas leyendo blogs de viajes o investigando cuentas de viajes en Instagram. Pasas el tiempo entre viaje y viaje planificando el siguiente. Te sabes los nombres de los principales aeropuertos del mundo e incluso su código IATA. Tu casa es un museo de suvenires y recuerdos de viajes. Eres un experto en la optimización del espacio de una maleta. Tu economía siempre está tiritando. Llevas al menos una app de conversión de moneda y divisas. Puedes dormir en segundos en cualquier parte. Eres un mega fan de “La Playa” de Garland. Y así un largo etc…

Pero volvamos a la dromomanía de nuevo para saber si viajar se puede volver algo obsesivo en lugar de algo divertido y relajante. Situamos la acción en Burdeos, allá por el año 1886, cuando un joven francés llamado Jean Albert Dadas, llega a un hospital de la ciudad exhausto y sin recuerdos de cómo había llegado hasta allí. Solo sabía que recorría grandes distancias a diario y que era algo cotidiano en él.

Albert Dadas

Este joven de 26 años trabajaba en el mismo Burdeos como empleado en una compañía del gas y desde siempre había manifestado un trastorno poco común: padecía sonambulismo viajero. Sus ataques aparecían sin previo aviso, aunque de forma periódica. En su enajenación transitoria sentía la necesidad de viajar, olvidaba a familiares y amigos e incluso asumía identidades inventadas mientras viajaba sin parar y sin rumbo concreto.

Al cabo de semanas su trance viajero desparecía y volvía en sí, para emprender un viaje de vuelta a su hogar, su trabajo y su vida. Llegó a despertarse en sitios como Praga, Moscú o Argelia sin saber muy bien cómo había llegado allí. Dadas fue el primer turista patológico. Y ocurrió en una época en la que el turismo como tal sólo se producía en las clases altas de la sociedad.

El extraño caso de Dadas fue estudiado por varios especialistas en psiquiatría de la época. Uno de ellos, Philippe Tissié comprobó concienzudamente que los viajes eran reales ya que contacto con consulados y lugares donde había pernoctado Dadas. Descubrió que éste había pasado bastantes penalidades en estos viajes, visitando la cárcel en más de una ocasión por mendigar u hospitales por cuadros de agotamiento.

Un par de años después Tissié escribió una tesis describiendo su enfermedad nominándola como dromomanía o automatismo ambulatorio. No sabemos si algunos de los viajeros compulsivos y competitivos de nuestro tiempo están aquejados de esta enfermedad pero el término se les está empezando a aplicar por el carácter obsesivo de muchos de ellos.

Esta carrera por “conocer” más mundo que el resto de la humanidad ha llevado a la aparición de múltiples sitios webs donde se establecen rankings y clasificaciones para dilucidar con datos quien es el mayor viajero del planeta. Son sitios reales donde aproximadamente se contabilizan unas 30.000 personas que compiten ferozmente por sumar puntos en su marcador y ser el líder de los híper viajeros del planeta. Sitios como Most Traveled People o The Best Traveled son escenarios de esta obsesión/competición (también existen apps móviles similares como Been o Countries been).

Puede que el dromómano de nuestros días esté dentro de alguno de los rankings de estas webs. No, rectificamos, estamos seguros que hay más de uno y de dos dentro de estos lugares. Su trance será algo más controlable y en estos momentos estarán dándose un chute de su “droga”  comprando algún billete de avión o tren.

Capturadd

Esto se convierte en algo peligroso cuando al bucear en los perfiles de algunos de estos “viajeros competitivos” descubres como han puesto en más de una ocasión su vida en peligro por llegar a un destino en conflicto o como han perdido todo contacto con familia y amigos en su ansia por ser el súper viajero. No daremos nombres de perfiles, pero si investigas las páginas que antes hemos dado y posteriormente te zambulles en alguno de los nombres que allí se dan, no te será difícil darte cuenta de esto.

Muchos no dudan en manifestar un constante sentimiento de insatisfacción y vacío, así como airén sus conflictos familiares y laborales, mientras que casi todos tienen una foto en Instagram en la que afirman “no encontrarse aun a sí mismos”. Sí, una confesión muy similar a la de nuestro buen amigo Dadas…

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